Globalización: ¿el final de la era del imperialismo?

Se está poniendo cada vez más de moda usar el término globalización para describir la economía internacional y las relaciones políticas internacionales. Se pretende que la globalización ha reemplazado al imperialismo, cuando un puñado de grandes estados dirigen la mayor parte del mundo abierta y directamente. La revista de los jefes, The Economist, publicó un artículo el pasado mes de Julio sobre este Nuevo Orden Mundial titulado "La Nueva Geopolítica". Describía esta supuesta transformación: "La era imperial fue un tiempo en el que los países A, B y C tomaban posesión de los gobiernos de los países X, Y y Z. El objetivo ahora es hacer posible que los pueblos de X, Y y Z se gobiernen a si mismos, liberándoles de los malvados locales que les niegan ese derecho". [Original in English]

Muchos en la izquierda, incluyendo a algunos anarquistas, han adaptado críticamente esta descripción del Nuevo Orden Mundial. La idea central es que el rápido movimiento de dinero que la "era de la información" hace posible y el crecimiento de las multinacionales implican que la era del imperialismo -en la que poderosos estados nacionales dominaban el mundo - ha sido reemplazada por un más abstracto e invisible pero igualmente poderoso dominio de un capital que ya no está ligado a un estado. [Translations of this article are available in Turkish, Polish]

A primera vista esta descripción parece convincente. Es de "sentido común" que el comercio internacional ha aumentado y que tratados como la Unión Europea están echando abajo los viejos estados nacionales. Pero, ¿nos proporciona la globalización una descripción correcta de cómo funciona el mundo?

De hecho, el artículo de The Economist admite que "...antes de la primera guerra mundial algunos países ricos estaban comerciando tanto con el resto del mundo, en proporción al PIB (Producto Interior Bruto) como lo están haciendo ahora (y Japón lo hacía mucho más)". Asumiendo que aquí "rico" es un eufemismo de "imperialista", lo que ha cambiado de hecho es el volumen total del comercio (y de la riqueza) mundial, junto con el hecho de que países más pequeños están ahora mucho más involucrados.

¿El fin de los estados nacionales?

Pero éste no es el final del estado nacional. De hecho, desde 1914 el número de estados se ha disparado de 62 a 74 en 1946 y hoy alcanza los 193. La otra sorpresa es que en las naciones ricas el gasto estatal, como porcentaje del PIB (una medida de la riqueza relativa de un país), se ha incrementado de hecho desde 1980. La idea central de la globalización -que el capital se hace cada vez más independiente de cualquier estado nacional particular- tiene por tanto que ser cuestionado. De nuevo The Economist es desusadamente honesto en este punto al preguntarse cuál es "la razón central por la que el estado permanece". Se responde "el Estado todavía es el principal administrador de la fuerza armada organizada".

Las guerras recientes se dividen claramente en dos tipos. Algunas involucran vecinos geográficos peleándose entre sí, normalmente por la demarcación de las fronteras, como India y Pakistán. Otras involucran intervenciones por parte de países que pueden estar a miles de kilómetros de distancia, lo más frecuente sobre la base de "intervenciones humanitarias" como las intervenciones de la ONU en Irak y Somalia o la intervención de la OTAN en Kosovo. Pero cuando consideramos este segundo tipo de intervenciones nos encontramos con que esos países distantes están lejos de ser un conjunto al azar o seleccionados de acuerdo con el tamaño, sino que cada una de estas intervenciones ha estado dirigida por un solo país, los USA.

Más allá, la segunda y tercera fuerzas más importantes en la intervención también estarán sacadas de un pequeño grupo de países, incluyendo Gran Bretaña, Francia e Italia. Claramente, al menos desde el punto de vista militar, esas intervenciones no son al azar sino que están dominadas por un pequeño número de lo que los más anticuados de nosotros llamaríamos poderes imperialistas.

USA es el poder dominante y, con sus socios subordinados de la OTAN, ha demostrado ser capaz de mandar sobre todas y cada una de las restantes naciones del planeta. En realidad, la OTAN no tiene rivales auténticos. Lo más cercano que podrías pensar sería una alianza imaginaria de China y Rusia. Esta se enfrentaría a una potencia con no sólo una fuerza militar mayor y mucho mejor equipada sino que tiene también un poder económico más de diez veces mayor (el PIB de la OTAN en 1997 era 16.255 billones de dólares, el de Rusia era 447 y el de China 902).

Sin embargo, la difusión de ideas democráticas, y el conocimiento acerca de otros países, ha significado que el imperialismo "a la vieja usanza" haya perdido su popularidad. Es por esto por lo que es mucho más probable que el imperialismo hoy se esconda detrás del "humanitarismo" y todo un conjunto de organismos supuestamente internacionales. Cuando examinamos estos organismos encontramos, sin embargo, que están construidos de tal manera que sólo las potencias principales tienen una voz real en la toma de decisiones.

Las Naciones Unidas eran la gran esperanza para muchos, como una alternativa a la guerra o a una paz en la que los países ricos pudiesen hacer a su antojo. Incluso hoy mucha gente bienintencionada se refiere demasiado a menudo a la ONU como si fuese una alternativa a la dominación del globo por los USA o la OTAN. La ONU puede pretender ser un organismo global que representa a todos los países, pero en realidad -para intervenciones efectivas- sólo puede actuar con el consentimiento de un minúsculo número de poderosas potencias militares. Estas son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (USA, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), cada una de las cuales tiene el derecho de vetar cualquier intervención que vaya contra sus intereses.

En efecto, la ONU es una tapadera detrás de la cual esos países pueden hacer la guerra cuando les conviene -como cuando la ONU entró en Irak supuestamente para proteger la soberanía Kuwaití en la guerra del Golfo de 1991. Pero pueden impedir que la ONU actúe en otros casos, por lo que por ejemplo ningún cuerpo de la ONU invadió los USA para proteger la soberanía de Nicaragua cuando la administración Reagan estaba minando sus puertos en los ochenta.

Incluso en los casos en que países más pequeños desaprueban y bloquean parcialmente una acción militar bajo el estandarte de la ONU, los países de la OTAN han demostrado adaptarse ignorando las llamadas para soluciones negociadas y usando las resoluciones de la ONU como excusa para la guerra, como en el continuo bombardeo de Irak. A menudo esas excusas son asombrosamente hipócritas. La OTAN podía bombardear serbia supuestamente para proteger la etnia albanesa que vive en Kosovo de los paramilitares serbios pero se mantiene al margen mientras Turquía (un miembro de la OTAN) masacra a la etnia kurda.

El mecanismo del Consejo de Seguridad por el cual las principales potencias controlan la ONU y por tanto la intervención militar es bastante bien conocido por la izquierda. Sin embargo, lo que no se comprende tan ampliamente son los similares mecanismos existentes por los cuales -sin recurrir a las armas- las principales potencias imperialistas, y los USA en particular, pueden controlar la economía mundial. Una vez revelado esto, la idea de la globalización se convierte en un truco de cartas barato diseñado para disfrazar y distraer nuestra atención de la dominación imperialista del mundo.

Control económico- Deuda, el Banco Mundial y el FMI

Un aspecto de este control económico ha recibido recientemente mucha atención, si acaso un tanto indirectamente. Este aspecto es la deuda masiva contraída por los países del "Tercer Mundo". La campaña Jubileo 2000, que pide la cancelación de la deuda "impagable", ha tenido un éxito considerable movilizando a cientos de miles en manifestaciones de apoyo a esta demanda. Sólo en Irlanda unas 800.000 personas han firmado la petición para la abolición de la deuda. Lo que rara vez se menciona es el papel central que la deuda juega para que las potencias occidentales dicten como se organizan las economías del tercer mundo.

La crisis de la deuda de finales de los setenta y principios de los ochenta resultó ser una ventaja perfecta de las potencias occidentales para forzar el "libre comercio" al "tercer mundo". Esto ocurrió cuando los países del tercer mundo, afrontando una caída de ingresos y un aumento de los tipos de interés, dejaron impagados sus préstamos.

Antes de esto muchos países habían seguido una política de "substitucionismo de la importación", que significaba que intentaban manufacturar productos como, por ejemplo, coches que previamente habían importado. Sin sugerir que este tipo de política ofreciera un papel alternativo positivo, sí que tuvo una gran desventaja para las potencias imperialistas, al tender a negarles tanto mercados como materias primas baratas.

Lo que las potencias imperialistas querían, y lo que esencialmente han conseguido, era un sistema en el que el tercer mundo proporcionara materias primas y mano de obra baratas y actuase como un mercado para consumir los productos de compañías con base en los países imperialistas. Pero por razones obvias esto no sería una política popular entre la gente de esos países, excepto quizás para los pocos a los que se podría prometer una parte de los beneficios generados si administrasen el sistema.

Cuando la crisis de la deuda estalló a mediados de los ochenta, empezando con la declaración de Méjico de que era incapaz de devolver los créditos en 1982, el banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional intervinieron. A pesar del hecho de que esas instituciones son conocidísimas, la mayoría de la gente tiene muy poca idea de lo que hacen o cómo funcionan. Hasta hace poco eran bastante felices manteniendo las cosas de esta manera.

Un dólar - un voto

En resumen, ambas instituciones están diseñadas de manera que favorecen a las poderosas naciones occidentales- se basan en el principio pro-negocios de "un dólar - un voto". Lo que es más, la estructura interna de su toma de decisiones da a USA un veto - permitiéndoles bloquear cualquier decisión que vaya en contra de sus intereses económicos. Son técnicamente parte de la estructura de la ONU, pero en realidad las potencias occidentales tienen aún más voz en ellas que en la ONU. En el caso del FMI USA tiene un 17% del voto mientras que sólo se requiere un 15% para un veto. En el caso del Banco Mundial, se las ha arreglado para insistir en que cada presidente sea un ciudadano de los USA. Especialmente debido a la crisis de la deuda, el poder de estas instituciones es tan grande que ningún país puede desafiar sus mandatos sin perder la capacidad de tomar parte en el comercio exterior.

La crisis de la deuda forzó a la mayoría de las naciones en vías de desarrollo a entregar el control de al menos parte de sus economías al FMI y el Banco Mundial. Esto ocurrió en los ochenta cuando países individuales fueron incapaces de devolver los préstamos. En ese momento el FMI y el Banco Mundial intervinieron y ofrecieron facilitar la reestructuración de los prestamos siempre y cuando el país en cuestión implementase un "Programa de Ajuste Estructural" dictado por el FMI.

Típicamente, éstos requieren eliminar barreras a la importación y eliminar cualquier protección que hubiese de los derechos y salarios de los trabajadores. Esto normalmente se consigue a través de una alta inflación, privatización y leyes antisindicales (y, desde luego, represión física). Junto a esto, los gastos de educación y sanidad eran reducidos drásticamente. En los ochenta un funcionario del Banco de Desarrollo Interamericano describía estas medidas como "una oportunidad sin paralelo para conseguir, en los países morosos, las reformas estructurales favorecidas por la administración Reagan".

La recompensa

No debería suponerse, directamente, que esto significa que a la clase gobernante local le gustan esas políticas. En realidad, hoy la mayoría de economías latinoamericanas están controladas por licenciados en economía nativos pero educados en USA. Como el intelectual latinoamericano Xavier Gorostiaga observó "El neoliberalismo ha unido las elites del Sur con las del Norte y ha creado la mayor convergencia de poder financiero, tecnológico y militar de la historia".

En 1960, los ingresos del 20% más rico de la población mundial era 30 veces superior que los del 20% más pobre. Hoy es más de 60 veces mayor. El 20% superior, sin embargo, es una medida muy tosca. De acuerdo con la ONU "los bienes de las 200 personas más ricas son superiores a los ingresos combinados del 41% de la población mundial".

Esto subraya lo que quizá es el mayor cambio de la postguerra del sistema imperialista. Antes de la guerra los antiguos países colonialistas como Gran Bretaña y Francia lo habían controlado. Favorecieron un sistema muy obvio de gobierno directo con una clase dominante local compuesta de gente mandada desde el país imperialista para ese propósito. Este sistema causó una gran resentimiento entre la clase media local, puesto que se les negaba la posibilidad de promocionarse a esas funciones, y lo más frecuente era que la naturaleza racista de la potencia imperialista implicase que la clase media local tenía que aguantar toda clase de opresiones mezquinas.

Los años de postguerra vieron muchas revueltas anticoloniales en las que la clase trabajadora y los campesinos, bajo el liderazgo de la clase media, se unieron para expulsar a los imperialistas. Con el crecimiento de estos movimientos, y el crecimiento en el poder económico y militar de los USA, las antiguas potencias imperialistas fueron derrotadas frecuentemente y una sección de la clase dirigente local tomaría la dirección del país, a menudo con la ayuda americana pero a veces con ayuda rusa.

A medida que la dominación de los USA creció se construyó un sistema postcolonial en el que, a cambio de aceptar términos de comercio favorables a los negocios estadounidenses, a la clase dirigente local se le permitiría cierto control local. Algunos, desde luego, no estaban contentos con esto pero hacia los ochenta la crisis de la deuda de un lado y el colapso de la URSS por el otro les dejó con poca opción y la mayoría cambió de bando.

Los USA han construido un "Nuevo Orden Mundial" en el que ellos pulsan casi todas las cuerdas económicas y militares. Con tal control no hay necesidad de contar con un control imperialista directo "a la antigua usanza". A través del FMI/Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC) puede establecer las reglas del comercio global con sus socios menores de las naciones del G7 (las siete economías más poderosas).

Recientemente no ha vacilado en usar estos poderes sobre sus "socios menores" en particular con sus intentos de imponer los alimentos Modificados Genéticamente a los renuentes estados europeos. El puñado de "pícaros" estados que son renuentes a aceptar su dominación ha sido contenido fácilmente, militar y económicamente en el caso de Corea del Norte y Cuba o bombardeado y reducido a escombros [1] en el caso de la continua guerra contra Irak.

Entre los que sufren por este nuevo orden imperial se incluyen los trabajadores y campesinos de los países en desarrollo. Los salarios reales en la mayoría de países de Africa han caído un 50-60 % desde principios de los ochenta y en Méjico, Costa Rica y Bolivia los salarios promedio se han reducido en un tercio desde 1980. Pero los trabajadores del mundo desarrollado, y en particular en USA, también han visto caer su nivel de vida y sus salarios.

Este orden económico global ha dado nuevas armas a las principales compañías por las cuales pueden dictar la política económica incluso a los gobiernos del mundo desarrollado. La amenaza de una retirada masiva de inversiones ha terminado esencialmente con la componenda socialdemócrata de postguerra en toda Europa, en particular en países como Gran Bretaña.

Los estados nacionales continúan siendo esenciales para este "Nuevo Orden Mundial". Las multinacionales pueden comerciar en todas partes pero sus oficinas centrales e instalaciones administrativas y de investigación están concentradas en las naciones imperialistas. La reciente guerra comercial sobre las bananas cultivadas en el Caribe, por ejemplo, se libró entre compañías transnacionales basadas en USA y Europa, a pesar del hecho de que ninguno cultiva cantidades significativas de bananas.

El espacio limitado de este artículo sólo permite una breve exploración de estas instituciones detrás de las cuales se esconde el imperialismo de USA. Es importante que no he tocado el tema de la resistencia a esta dominación, que ha tomado muchas formas. En Julio pasado se vio a más de 250.000 trabajadores turcos manifestándose contra las reformas impuestas por el FMI.

Junio vio el día de acción global J18; este Noviembre habrá acciones generalizadas contra la cumbre de la OMC que tendrá lugar en Saetee, USA. Pero lo que debe ser obvio es que antes de que podamos decidir sobre la forma de acción más efectiva contra el imperialismo necesitamos identificar su naturaleza real - no importa que máscara escoja para esconderse.

Andrew Flood

Este artículo es de Workers Solidarity no. 58, publicado en Octubre de 1999.

Traducido por M.A. Camblor para A-infos

 


[1] N. del T.: aquí el autor utiliza la expresión "bombed into the stone age" en la que juega con dos sentidos de "to bomb" (bombardear y mover rápidamente) dando cuenta a la vez del hecho de los bombardeos y del estado en que dejan al país.

Más artículos sobre el tema en: http://flag.blackened.net/revolt/ws99.html

Del Movimiento de Solidaridad de los Trabajadores de Irlanda

  


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